El coronavirus ha impulsado a líderes por todo el mundo, pero no esperemos que eso dure

Gendarmes franceses durante la cuarentena por coronavirus frente a la Torre Eiffel en París el 23 de marzo de 2020 (REUTERS/Benoit Tessier) (BENOIT TESSIER/)BRUSELAS — El presidente Emmanuel Macron, quien nunca ha sido muy popular, ha alcanzado su mayor índice de aprobación en Francia desde el inicio del coronavirus. Mientras Italia ha sido devastada, el presidente del Consejo de Ministros, Giuseppe Conte, ha alcanzado un notable 71 por ciento, un incremento de 27 puntos. Incluso en el Reino Unido, donde el primer ministro Boris Johnson vaciló en tener una respuesta determinante y terminó enfermándose gravemente, su gobierno ha sido el más popular en décadas.No hay nada como una buena crisis para lograr que diversos sectores de la población se congreguen alrededor de sus líderes. Cuando las personas están confundidas y asustadas tienden a confiar en sus gobiernos, porque concebir que las autoridades también puedan estar confundidas y asustadas (por no decir que también podrían ser incompetentes), es muy difícil de soportar.La pregunta es si eso perdurará una vez que la crisis aminore, la crítica aumente y se reanude la política cotidiana. Usualmente, no dura mucho. Pronto le siguen investigaciones formales a los inevitables errores y los votantes, si se los permiten, suelen vengarse incluso de los líderes más efectivos.Se puede decir con certeza que muchos de los que han recibido un impulso en este momento han sido poco eficaces, a juzgar por el saldo demoledor de un virus inmune a las fanfarronadas partidistas e implacable con los errores.Esa incertidumbre está bien demostrada en los Estados Unidos, donde el presidente Donald Trump, en un año electoral muy cargado, obtuvo solo un pequeño empujón que no duró mucho, dada la amplia ambivalencia acerca de cómo la Casa Blanca ha manejado la pandemia.“El instinto inicial es caer en el fervor patrio, porque no hacerlo es percibido como antipatriótico y poco útil”, dijo Mark Leonard, director del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores. “Pero las sociedades no pueden movilizarse perpetuamente. Habrá inevitablemente una fatiga, y la gente hará preguntas más difíciles”.Es de esperar que el liderazgo competente se beneficie más. En general, ese ha sido el caso en los países —particularmente en el norte de Europa— donde se impusieron medidas severas tempranas que han permitido que esas naciones empiecen a reabrir su economía esta semana.En Austria, donde se exige que los empleados que están regresando a trabajar usen cubrebocas, la aprobación del canciller Sebastian Kurz se ha elevado al 77 por ciento, un incremento de 33 puntos. De forma similar, el primer ministro de los Países Bajos, Mark Rutte, tiene 75 por ciento de apoyo, un aumento de 30 puntos.Mientras algunos niños regresan a clases y su gobierno prepara a los daneses para una reapertura gradual que puede tomar varios meses, el apoyo de la primera ministra Mette Frederiksen se ha elevado 40 puntos, a un 79 por ciento.El virus ha logrado revivir al gobierno saliente en Alemania, el cual ha estado perdiendo apoyo con los Verdes y la ultraderecha. El apoyo a la canciller Angela Merkel, cuyo desempeño ha sido aplaudido tanto adentro como afuera del país, se ha elevado 11 puntos, al 79 por ciento.Pero incluso en los países más afectados por el virus, los líderes también han obtenido un impulso, de maneras que a primera vista podrían parecer no tener mucho sentido.Italia tiene la cifra más alta de fallecidos en el mundo después de Estados Unidos, y el gobierno parecía estar fallando una y otra vez con una fragmentada respuesta que siempre estuvo un paso atrás del virus. Sin embargo, Conte ha visto cómo su índice de aprobación global se ha disparado.“En una situación casi de guerra, quieres confiar en quien te gobierna, y eso aplica tanto para líderes mediocres como para los competentes”, afirmó Nathalie Tocci, directora del Instituto de Asuntos Internacionales de Italia. “Pero mi corazonada me dice que al final se revelarán los ‘verdaderos colores’”.Ya hay señales de que algunos líderes están cayendo de sus puntos altos, a medida que la paciencia de la población se desgasta.En el caso de Macron, quien esta semana admitió haber cometido errores mientras anunciaba una extensión de la cuarentena en Francia, ya las encuestas muestran un descenso del 59 por ciento (el 13 de marzo, el índice más alto de su gobierno) al 43 por ciento.La crisis del coronavirus ha generado casi el mismo patrón de un conflicto más violento, donde las demostraciones de apoyo suelen ser inmediatas, si no efímeras.En octubre de 1979, el presidente Jimmy Carter tenía un índice de aprobación del 31 por ciento. Pero en enero de 1980, tras la toma de la embajada estadounidense en Irán, su aprobación llegó al 58 por ciento. Carter fue derrotado por Ronald Reagan ese noviembre.En enero de 1991, el índice de aprobación del presidente George Bush se elevó del 58 al 87 por ciento, luego de que expulsara a las fuerzas iraquíes de Kuwait. Sin embargo, perdió contra Bill Clinton en 1992.El presidente George W. Bush obtuvo un índice de aprobación del 51 por ciento en una encuesta de Gallup, justo antes del 11 de septiembre. Para fines de ese mes, su índice de aprobación había llegado al 90 por ciento. Tres años después, Bush ganó la reelección por un estrecho margen.El impulso más pequeño de lo esperado de Trump, por el coronavirus, lo ha convertido en una especie de caso atípico. Mientras otros líderes mundiales están alcanzando índices en el rango del 70 por ciento, sus índices de aprobación rondan entre el 40 y el 45 por ciento, lo que refleja su base sólida pero también las numerosas críticas a su desempeño.Según Tocci, un resultado “positivo” del virus podría ser el descrédito del populismo y el regreso a la confianza en la experiencia y en gobiernos más racionales.“Todo el auge nacionalista y populista estuvo vinculado con un momento histórico donde se podía jugar con fuego”, señaló Tocci. “Pero actualmente la situación es realmente precaria, mucho más peligrosa, y la gente no quiere las tonterías baratas de los populistas mediáticos”.Tocci mencionó las encuestas que revelan que Matteo Salvini, el ruidoso populista italiano, ha estado perdiendo apoyo de la derecha, mientras que a otra política de oposición de extrema derecha, Giorgia Meloni, “de la derecha no populista, racional y serena”, le ha ido mejor.En última instancia, gran parte de la reacción de la población puede depender de cuánto dure la sensación de crisis, de que siga siendo incierto e indefinido el ataque del virus. El mismo fin de la cuarentena estará plagado de riesgo político.“Aunque vemos que estos líderes toman decisiones, no las están tomando desde una posición de poder, sino desde la incertidumbre y la debilidad”, afirmó Nicholas Dungan, un importante miembro radicado en París del Atlantic Council.“Más que liderar, lo que están es administrando” dijo. “Y una vez que la población esté libre, ya sin tener que estar cumpliendo su deber de estar confinada, van a enojarse, y esto conducirá a una mayor inestabilidad”.Tony Travers, profesor de administración pública de la Escuela de Economía y Ciencia Política de Londres, señaló que Winston Churchill fue venerado por haber liderado la victoria contra Adolf Hitler, pero fue sumariamente expulsado del cargo en 1945.“Ganar una guerra no es para nada una fórmula para permanecer en el cargo”, dijo Travers. “Cuando la amenaza de la enfermedad se disipa, las consecuencias de estar protegido de la amenaza son muy diferentes”.*Copyright: 2020 The New York Times Company

Fuente: ARGENTINA | https://www.infobae.com
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