Alberto Fernández y el cinismo del que prefiere no ver

A Alberto Fernández las buenas noticias desde América Latina le llegan solamente, como a todos los argentinos, desde el fútbol. Obviamente por el triunfo frente a Brasil en el Maracaná, que él no pudo festejar del todo. Habrá que seguir desentrañando cuál es la relación entre el Presidente y el deporte, la AFA y la Selección, porque ha habido una alianza histórica entre triunfos deportivos y aprovechamiento político de esos triunfos.

Alberto Fernández lo intentó. Se comenta que estaba listo el helicóptero en Olivos para llevarlo al predio de la AFA en Ezeiza. No pudo ser. Hay varias especulaciones: unos dicen que se negaron los jugadores resentidos por la cantidad de tiempo que no pudieron ver a su familias. No querían verlo. ¿Puede haber un malestar también de Lionel Messi, que donó unos respiradores que la Aduana no permitió ingresar? Es un signo de interrogación que hay en el ambiente del fútbol cuando intentan explicarse por qué el Presidente no pudo sacarse la foto soñada con la Selección.

La otra especulación tiene que ver con la relación, ya más de poder, entre el Gobierno y la conducción de la AFA -de la que depende el seleccionado- que está representada por Chiqui Tapia, quien llegó a la conducción del fútbol de la mano de su suegro Hugo Moyano, de Mauricio Macri y de Daniel Angelici. Tiene una enemistad especial con Fernández inducida por dirigentes de Argentinos Juniors, el club al que pertenece el mandatario. Esa enemistad estaría motivando esa una auditoría de la Inspección General de Justicia, que podría cuestionar la elección de Tapia como presidente de la AFA.

Todo esto forma parte de la política. Tapia es un hombre del mundo de la basura. Tiene negocios importantes en la AFA, algunos dicen que a través de testaferros. Tiene negocios con socios en la AFA que están ligados al mundo de la basura, como su suegro o exsuegro Hugo Moyano. Y hay una figura ligada a todo ese mundo que es Diego Santilli, muy cercano a los Moyano, candidato en este momento en la interna de Juntos por el Cambio en la provincia de Buenos Aires.

Estas son las noticias que le llegan al Gobierno desde el fútbol en relación con América Latina. Las que llegan de la política son desagradables para Alberto Fernández, que dijo no saber qué pasa en Cuba. “No sé lo que está pasando en Cuba, lo único que sé es que los bloqueos son malos”, dijo. Es decir, lo que pueda pasar en Cuba tiene un solo responsable para el mandatario que son los Estados Unidos, con cuyo canciller, Antony Blinken, viene de entrevistarse su propio canciller, Felipe Solá, en Italia, en la reunión del G20.

Es interesante lo que declaró Fernández porque es la afirmación del que no quiere saber. Una de las formas de complicidad, en política, es no denunciar. La otra, más sutil, es no preguntar para no tener que denunciar. Entonces, es una cómoda ignorancia la del Presidente que dice no saber lo que está pasando en Cuba. Bueno, lo que sucede en Cuba son manifestaciones de repudio al régimen en un momento de muchísima angustia de la sociedad cubana porque una crisis económica crónica se ve aumentada, desde el punto de vista económico y específicamente sanitario, por la pandemia.

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Esas manifestaciones fueron reprimidas por el gobierno de Miguel Díaz Canel que es, como todo el mundo sabe, una dictadura muy represiva donde empieza a filtrarse la libertad por movimientos culturales y porque es imposible, para el régimen cubano, controlar Internet. Sí puede controlar la radio, la televisión, los medios de comunicación escritos, pero la eficiencia del régimen no llega hasta controlar Internet. Las redes sociales hacen su trabajo que, en este caso, tiene que ver con manifestaciones promovidas desde la izquierda. Y es curioso que alguien como Alberto Fernández, que se autodenomina un liberal de izquierda, lo desconozca. Es cierto que debe ser difícil para él consignar el drama cubano: desde que Florencia Kirchner vivió en la isla, Cuba está en el corazón del kirchnerismo. Fernández carece de autoridad para opinar. Mejor alegar ignorancia.

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Hay mucha bibliografía sobre lo que está pasando con la disidencia de izquierda en Cuba desde hace mucho tiempo. Se podría mencionar el libro Silencio, Cuba. Lo escribió Claudia Hilb y es de 2010. Ya tiene once años. Describe desde una perspectiva de izquierda cómo es la morfología de un régimen tiránico.

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Las manifestaciones empezaron en una localidad llamada San Antonio de los Baños, en el suroeste de La Habana. Hubo una represión oficial que fue denunciada ya por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Y esto se inscribe en un contexto económico muy dramático que se vive en Cuba. Como en tantos países. Sólo que allí es más grave. El año pasado hubo una caída de más de 8 puntos del PBI y una reforma monetaria que intenta resolver un problema tradicional de su economía. No sé si le suena: hay dos monedas. El peso cubano y una moneda convertible con el dólar. La unificación de estas dos monedas significó una devaluación importante que pegó en el consumo de los cubanos.

Digo “no sé si le suena”, porque el dólar blue este lunes cerró a $179 y la brecha con el oficial ya es de 76.5%. Esto es interesante. En Cuba y en la Argentina estamos en presencia de gobiernos muy distintos. Por supuesto, los grados de autoritarismos son incomparables. Pero sí hay algo en común: el argumento para cualquier política y sobre todo para cualquier conflicto -en el caso de Díaz Canel, él se expresa en esta línea- es la soberanía.

Toda la explicación que da el gobierno cubano de lo que está pasando dramáticamente en ese país tiene que ver con las relaciones con Estados Unidos, en el fondo, con el imperialismo. Ahora bien, ¿de qué soberanía se puede hablar donde no hay soberanía monetaria? Si no hay moneda. Si la gente tiene que huir de la moneda en busca de algún refugio como, por ejemplo, el dólar (en el caso de la Argentina por la escalada inflacionaria, por el miedo de una devaluación). ¿Qué otra soberanía puede haber más importante, sólida o consistente, que la soberanía monetaria? Es una soberanía que al gobierno argentino le cuesta pensar. Le cuesta razonar en esos términos.

Hay un problema muy agudo en Cuba comparable con el de la Argentina pero mucho más dramático. La dificultad para hacerse de divisas en una economía con una presión importante sobre el dólar. El gobierno cubano resolvió eso habilitando tiendas especiales a las que se puede acceder, para cobrar alimentos o electrodomésticos, por ejemplo, con una divisa convertible al dólar o con la moneda estadounidense. Uno de los desmanes que se producen en las manifestaciones tiene que ver con el ataque a esas tiendas. Enfurecida, la gente sostiene que no quiere conformarse con la moneda cubana que no les permite consumir ese tipo de bienes, sino que quieren poder comprar lo mismo que quienes acceden a los dólares porque reciben esas divisas por vía de remesas o porque tienen relación con el turismo, colapsado por la pandemia. Es decir, solo un grupo de privilegiados accede a determinados bienes de consumo. Es curioso en un régimen que justifica al autoritarismo en nombre de la igualdad.

Hay una serie de datos de cómo impacta la pandemia del coronavirus en Cuba, que explica la crisis que se desató el domingo y el dramatismo de lo que está ocurriendo. En los últimos días, hubo un estallido de nuevos casos confirmados y de muertes. Mientras que hoy un poco más del 14% de la población recibió las 2 dosis de la vacuna contra el Covid-19. En tanto, en la Argentina hay un 12% de la población vacunada totalmente, con ambas dosis. Esta es una preocupación central del Gobierno, que sigue diciendo que están llegando más vacunas. Claro, llegan, pero no tantas como las prometidas en noviembre de 2020 cuando se firmaron los contratos.

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En este contexto de crisis, en Cuba se abrió el Movimiento San Isidro en el mundo de la cultura. Lo moviliza gente de izquierda que se queja a partir de una represión que empezó hace aproximadamente 2 años, dirigida especialmente a la música. Todo comenzó con una publicación en Facebook del rapero Denis Solis, que compartió un video en el que quedó registrado el momento en el que la policía del régimen entró a su casa para reprimir el tipo de canciones que él canta. Este movimiento viene a impugnar al régimen cubano desde la izquierda, y termina convirtiendo una canción, “Patria y Vida”, en una especie de contracara de la consigna insistente de Fidel Castro, quien -desde 1960- cerraba todos sus discursos con la frase: “Patria o muerte”.

La situación de Cuba, curiosamente, sirve de telón de fondo a cosas que suceden en Venezuela. Este lunes en el país conducido por Nicolás Maduro pusieron preso al exdiputado Freddy Guevara, a quien el Servicio de Inteligencia del régimen secuestró y torturó. Este opositor fue interceptado en su vehículo en la autopista Francisco Fajardo mientras transmitía en directo por Instagram. “Estoy absolutamente convencido de que hice lo correcto y de que voy a seguir haciendo lo correcto”, contó con gran calma, y enfatizó que –para él- la solución es “negociar” y “lograr un acuerdo de salvación nacional”. Esa detención fue prácticamente un secuestro porque nadie sabe explicar muy bien adónde se lo llevaron.

Al mismo tiempo que ocurría eso, rodeaban la casa del líder opositor Juan Guaidó, quien había sido designado como presidente de la Asamblea Nacional y, por lo tanto, presidente de Venezuela por impugnaciones a la elección con la que asumió Maduro.

Mientras sucede eso, el gobierno argentino no se expresa al respecto.

Parece que fuera una especie de ola, que viene de Cuba. En ese país pasan cosas similares –no las mismas- a las que indignaban a Alberto Fernández cuando ocurrían en Colombia y Chile. No es lo mismo porque en esos dos países hay regímenes democráticos en los que no hay ninguna duda de que hay medios independientes, juego electoral competitivo y, sobre todo, independencia del Poder Judicial. Es curiosa la ignorancia del presidente argentino quien -con cinismo- este lunes dijo: “Yo no sé lo que está pasando en Cuba”.

En este clima, el Gobierno tiene dos preocupaciones centrales: la llegada de los 100.000 muertos por Covid, cifra que tiene gran impacto por una rara devoción que tenemos por el sistema decimal, como decía Borges; y la demanda de vacunas por parte de determinados sectores que viven el problema de la falta de dosis de un modo más dramático. Ejemplo de esto último es el caso de la organización VacunaMe. Se trata de un grupo de padres que tienen hijos con enfermedades que los exponen extraordinariamente al virus. En el intento de protegerlos, deben encerrarlos y hacerlos vivir una vida insoportable desde hace más de un año. Ellos necesitan la vacuna pediátrica Pfizer, que el Gobierno no ofrece. Por eso, vienen reclamando ante la Justicia y ahora han decidido manifestarse y convocan a una protesta en todo el país el sábado 17, la cual tendrá su centro en Plaza de Mayo, en la puerta de la Casa Rosada. Irán con sillas de ruedas vacías y el nombre de sus hijos.

Todo esto va generando un clima de desazón y pesadumbre. La pesadumbre y el pesimismo están registrados en casi todas las encuestas. Y esto está impactando sobre la política y sobre los armados electorales. Esta semana es especial porque se definen alianzas, ligadas a candidaturas. Estamos viendo la reconfiguración de Juntos por el Cambio. Macri, desplazado. Activo, pero desplazado del centro de la escena. Larreta tomando el protagonismo, tomando decisiones. Como por ejemplo traerla a María Eugenia Vidal de nuevo a la Capital Federal. Y consolidando en la Ciudad un frente con el radicalismo, que empieza a tener una conducta especial. Esa repatriación de Vidal, que desde la Ciudad había ido a la Provincia y ahora vuelve, produjo el desistimiento de la candidatura de Patricia Bullrich, enojada con Macri. Ella cree que Macri, que fue quien más la alentó para que se postulara como candidata a diputada y enfrentara a Vidal, la dejó sola y se fue al Mediterráneo. La reacción de ese enojo es que Bullrich se postula como candidata a presidente, no tanto para molestar a Larreta, sino para ir por el electorado recalcitrantemente antikirchnerista que sigue a Macri.

Detrás del juego interno del Pro aparece un radicalismo que impulsa una nueva figura: Martín Tetaz, a quienes ustedes conocen porque es columnista en distintos programas, inclusive en LN+. Viene de ejercer la profesión de economista: de la economía pasó al periodismo. Tiene un pasado de militante estudiantil en La Plata como dirigente de Franja Morada. De ahí lo detectan. Esa es una vieja relación que tiene con los radicales que proceden del movimiento estudiantil y sobre todo con el líder principal del radicalismo porteño que es Emiliano Yacobitti, que es quien pensó la candidatura de Tetaz para acompañar a Vidal en la campaña. Habrá dos campañas en Capital Federal. Una de Vidal y otra paralela de los radicales con Tetaz que quieren mostrar una cara nueva que no viene enteramente de la política. En la UCR aspiran a mantener una posición que pretenden desde hace tiempo en un pacto no escrito con Larreta. Posiblemente un pacto amenazado con Larreta por la presencia de Vidal. Es el pacto que indicaría que Martín Lousteau, otro economista incorporado por los radicales a la vida del partido hace más tiempo, se convertiría en el sucesor de Larreta como jefe de gobierno en 2023. Esa postulación de Lousteau avalada con una escritura sobre el agua por Larreta es la que podría estar amenazada por el descenso de Vidal a la escena porteña. Por eso los radicales quieren fortalecer su posición con Tetaz. Por eso vamos a ver dos campañas.

En todas las provincias empieza a existir esta tensión entre el Pro y el radicalismo. Y sobre todo en provincias donde se eligen senadores. Y donde los radicales a lo mejor no tienen figuras muy llamativas, pero tienen aparato territorial.

Y ahí está Larreta interesado como nunca estuvo en el armado político, en pelear candidatura por candidatura con los radicales, en comunicación telefónica con Macri, que también sigue esto para ver con cuánto poder de fuego parlamentario queda el Pro. La gran pelea, la gran colina a conquistar, donde está el Gobierno, donde reina Cristina, es la provincia de Buenos Aires. Ahí va a haber un enfrentamiento entre el Pro liderado por Diego Santilli, apoyado en Elisa Carrió, y el radicalismo que postula a una figura ajena a la política, no del todo a la vida del partido, que es Facundo Manes. Curiosamente, en medio de una de epidemia, un médico.

Es un momento en que la depresión, la incertidumbre y el pesimismo amenazan a la política y a la clase política como un todo. Parece haber cierta inteligencia en traer estas figuras que quieren representar algo nuevo. Y lo curioso es que lo haga el radicalismo. Que en el lugar común tradicional de Juntos por el Cambio era lo viejo.

Hay gente del Pro que no tiene suerte en las negociaciones con Santilli y está dialogando con Manes. Gente del Pro que viene del peronismo, como Joaquín de la Torre, que es un líder poderoso en San Miguel, Jorge Triaca, y una figura llamativa, Esteban Bullrich, que también está hablando con Manes. Y a lo mejor lo vemos hacer campaña por Manes en la provincia de Buenos Aires. Empieza a haber dificultades para armar las listas porque hay muchas expectativas y pocos cargos. Y esto genera más tensiones.

Hay que entender la lógica de estas negociaciones. ¿Cómo son? ¿Qué lógica tienen? Una lógica muy del político. ¿Qué rinde más en términos de bancas a obtener en el Congreso, si soy el radicalismo, si soy el Pro, si soy Carrió? ¿Me rinde más un acuerdo y obtener las bancas que creo que me corresponden? ¿U obtengo más bancas en una interna, aun sacando la minoría? Depende de cuánto sea la minoría, del piso para obtenerla, de cómo se distribuyen bancas en el sistema D’Hondt. Entramos en un álgebra muy compleja, que los que están negociando tienen muy presente. Tiene que ver con la rentabilidad de un acuerdo o de una interna. Hay otras rentabilidades. Santilli se va a la provincia, deja la Capital, otro gesto de poder de Larreta. Gestos que entrañan cierta arbitrariedad, a través de la cual Larreta quiere decir: “Ahora mando yo, miren el poder que tengo, casi que hago lo que quiero”. Lo de Vidal que vuelve a la Capital, Santilli que se va a la provincia y ofende a los dirigentes de Buenos Aires del Pro. Como Jorge Macri.

Cuando Santilli se va a la provincia y tiene que armar la lista tiene que responder por las expectativas de Vidal, que tiene senadores en la legislatura que quiere renovar; y hay gente de Vidal que pide cargos en el gobierno de Larreta. Piden el Ministerio de Justicia, que se desdoblaría de Seguridad. Ahí iría Gustavo Ferrari, que sigue jurando que no quiere cargos. ¿Es verdad que Cristian Ritondo quiere ser el ministro de gobierno de Larreta en lugar de Bruno Screnci, que es la mano izquierda de Santilli en el gobierno de Larreta? Amigos de Santilli dicen: “Si miramos bien, no es tan conveniente esta fuga hacia la provincia de Buenos Aires”. Uno de ellos me lo explicó en estos términos: “Sobre todo si lo miramos base caja”. No sé qué me quiso decir con “base caja”, pero algo debe querer decir esa expresión en palabras de alguien cercano a Santilli. Toda la ecuación genera tensiones dentro del Pro.

También aparece el mismo problema en el Frente de Todos. Y alguien muy perceptivo, como Cristina Kirchner, también está mirando este clima de desazón que hay en la opinión pública, y empieza a postular gente que para ellos no son caras nuevas, pero a lo mejor para el electorado, sí. Victoria Tolosa Paz para el común de la gente es nueva. A Máximo Kirchner le gustaría otra cara nueva para encabezar la lista de la provincia de Buenos Aires, que es Santiago Cafiero, a quien antes de ser jefe de Gabinete casi nadie conocía. Insisto en que hay que mirar esa jugada porque es de primera magnitud. Sacar a Cafiero no tanto para ponerlo como diputado, sino para que no siga siendo jefe de Gabinete. Es decir, para ponerle otro jefe de Gabinete a Alberto Fernández.

Amenaza Máximo Kirchner con la candidatura de su gran aliado en el conurbano, Martín Insaurralde, que ya fue candidato del kirchnerismo en la provincia en 2013. ¿Podría postularse de nuevo a diputado nacional? Eso lo mira con atención Axel Kicillof, porque para él hay una preocupación. ¿Cuál? Que aparezca alguien que demuestre capacidad para trasladar los votos o para ser el depositario de los votos de Cristina. Esto se debe a que, el día en que la vicepresidenta encuentre a alguien con la plasticidad disponible para capturar a su electorado si ella lo bendice, el papel y el poder de Kicillof disminuirán. Por eso, él también está muy celoso de quién será el primer candidato a diputado en la provincia de Buenos Aires. Propone a Nicolás Kreplak. Médico contra médico, si se considera el rol de Facundo Manes en esa disputa. Casi Grey’s Anatomy para la Provincia.

Todo esto se vive con una inquietud especial en torno al lugar de Santiago Cafiero. Seguirá habiendo presión sobre Fernández para que entregue la jefatura de Gabinete y, en su lugar, ponga a alguien que se encargue –con independencia de la ideología- de la gestión, que es lo que cada vez preocupa más a Cristina. En especial cuando el dólar se dispara. Alguien que le permita al Presidente hacerse algunas preguntas u obtener algunas respuestas. Por ejemplo, que lo ayude a saber que está pasando en Cuba.

Fuente: POLÍTICA | https://www.lanacion.com.ar/
Alberto Fernández y el cinismo del que prefiere no ver

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